Porque hoje é Sábado – Roberto Bolaño

El-joven-Robero-Bolaño-escritor-de-Los-Perros-Románticos-y-Los-detectives-Salvajes.Já que teve resenha do último lançamento do chileno Roberto Bolaño com tantas referências ao seu passado de poeta, nada mais justo do que dedicar o Porque Hoje é Sábado à sua poesia. “Bolaño migrou da poesia para a prosa por conta da fome” dizia José Peguero, poeta infrarrealista e amigo do autor de seus tempos mexicanos.

Se escrever romances era “apenas” a melhor forma de garantir o sustento de sua família, pode-se dizer com certeza que garantiu o sustento de forma muito digna. Aliás, o Baú do Roberto continua gerando novidades para os leitores e royalties para seus herdeiros mais de dez anos após sua morte.

Para o Porque Hoje é Sábado escolhi dois de seus poemas mais “mexicanos”. São imagens de sua adolescência, recheada dos poetas perdidos, das experiências mais vivas e definidoras da vida. Atole é uma bebida quente de milho típica do México. É a lembrança carinhosa de Mario Santiago, eterno detetive selvagem. Lupe, por sua vez, é uma prostituta que aparece algumas vezes na obra de Bolaño. O poema que a ela é dedicado é triste e bonito em igual medida.

Então, Porque Hoje é Sábado (e porque teve resenha dele no blog) Roberto Bolaño.

Atole

Roberto Bolaño

Vía a Mario Santiago y Orlando Guillén

los poetas perdidos de México

tomando atole con el dedo

En los murales de una nueva universidad

llamada infierno o algo que podía ser

una especie de infierno pedagógico

Pero os aseguro que la música de fondo

era una huasteca veracruzana o tamaulipeca

no soy capaz de precisarlo

amigos míos era el día en que se estrenaba

<<Los Poetas Perdidos de México>>

así que ya se lo pueden imagina

Y Mario y Orlando reían pero como en cámara lenta

como si en el mural en el que vivían

no existiera la prisa o la velocidad

No sé si me explico

como si sus risas se desplegaran minuciosamente

sobre un horizonte infinito

Esos cielos pintados por el Dr. Alt, los ¿recuerdas?

sí, los recuerdo, y también recuerdo

las risas de mis amigos

Cuando aún no vivían dentro del mural laberíntico

apareciendo y desapareciendo como la poesía verdadera

esa que ahora visitan los turistas

Borrachos y drogados como escritos con sangre

ahora desaparecen por el esplendor geométrico

que es el México que les pertenece

El México de las soledades y los recuerdos

el del metro nocturno y los cafés chinos

el del amanecer el del atole.

In: BOLAÑO, Roberto. La Universidad Desconocida, Anagrama, 2007, p. 364.

Lupe

Roberto Bolaño

Trabajaba en la Guerrero, a pocas calles de la casa de Julián

y tenía 17 años y había perdido un hijo.

El recuerdo la hacía llorar en aquel cuarto del hotel Trébol,

espacioso y oscuro, con baño y bidet, el sitio ideal

para vivir durante algunos años. El sitio ideal para escribir

un libro de memorias apócrifas o un ramillete

de poemas de terror. Lupe

era delgada y tenía las piernas largas y manchadas

como los leopardos.

La primera vez ni siquiera tuve una erección:

tampoco esperaba tener una erección. Lupe habló de su vida

y de lo que para ella era la felicidad.

Al cabo de una semana nos volvimos a ver. La encontré

en una esquina junto a otras putitas adolescentes

apoyada en los guardabarros de un viejo Cadillac.

Creo que nos alegramos de vernos. A partir de entonces

Lupe empezó a contarme cosas de su vida, a veces llorando,

a veces cogiendo, casi siempre desnudos en la cama,

mirando el cielo raso tomados de la mano.

Su hijo nasció enfermo y Lupe prometió a la Virgen

que dejaría el oficio si su bebé se curaba.

Mantuvo la promesa un mes o dos y luego tuvo que volver.

Poco después su hijo murió y Lupe decía que la culpa

era suya por no cumplir con la Virgen.

La Virgen se llevó al angelito por una promesa no sostenida.

Yo no sabía qué decirle. Me gustaban los niños, seguro,

pero aún faltaban muchos años para que supiera

lo que era tener un hijo.

Así que me quedaba callado y pensaba en lo extraño

que resultaba el silencio de aquel hotel.

O tenía las paredes muy gruesas o éramos los únicos ocupantes

o los demás no abrían la boca ni para gemir.

Era tan fácil manejar a Lupe y sentirte hombre

y sentirte desgraciado. Era fácil acompasarla

a tu ritmo y era fácil escucharla referir

las últimas películas de terror que había visto

en el cine Bucareli.

Sus piernas de leopardo se anudaban en mi cintura

y hundía su cabeza en mi pecho buscando mis pezones

o el latido de mi corazón.

Eso es lo que quiero chuparte, me dijo una noche.

¿Qué, Lupe? El corazón.

In: BOLAÑO, Roberto. La Universidad Desconocida, Anagrama, 2007, p. 348.


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